martes, 28 de diciembre de 2010

Dicotomías...

Ante las situaciones binarias, dicotómicas, duales o bipartitas, una forma usual de encararlas es mediante una actitud imparcial. ¿En qué consiste esta estrategia? Básicamente busca resultar incatalogable. La idea es evitar a toda costa satisfacer el criterio de pertenencia a cualquiera de los dos bandos propuestos. Para lograrlo, el imparcialista mantiene distancia no sólo de los extremos en cuestión sino de toda acción, ya que toda práctica remite al peligro de ser catalogado en base a alguna de ellas. Al no hacer nada, se perpetúa en el estado de indeterminación previo a toda catalogación y por ende, previo al binarismo. Sin embargo, mantenerse inmóvil suele ser agotador, razón por la que termina realizando alguna acción que fácilmente resulta funcional a algún partido. Siempre recuerdo la anécdota de un amigo que no se metía en política. El día de la elección fue a votar (el voto es obligatorio) y eligió al azar la boleta que metió en el sobre. Cuando abandonó su imparcialismo, resultó funcional a un partido.
La segunda estrategia recurrente para encarar el binarismo suele ser la del “punto medio”. Consiste en mezclar los bandos opuestos en cantidades iguales. Se suele justificar esta actitud diciendo que conserva lo mejor de cada postura sin tomar partido por ninguna de ella. El problema es que esta mezcla suele ser demasiado híbrida: si los extremos son muy opuestos e incompatibles, la mezcla resulta difícil cuando no imposible; y aún cuando se la obtiene, ese punto medio resulta fácilmente absorbido por alguno de los extremos durante los avances y retrocesos de los bandos en pugna. Y aún en los momentos en que esta mezcla sobreviva, cualquier agudización de la dicotomía la deja rápidamente expuesta a su propia hibridez y sus contradicciones (que por lo general justificará aduciendo una “relación dialéctica” entre los elementos extremos que hace coexistir). Y por último: cualquier problema general en algún extremo se trasladará a las partes que comparte con la mezcla, mientras que cualquier éxito de un bando será fácilmente monopolizado por éste. Me viene a la memoria una charla con un pastor evangélico acerca de si está bien tomar alcohol o no. Su ingeniosa respuesta fue que ni sí ni no, hay que beber con moderación. Sin embargo, lo que hacía era ponerse del lado de los que decían que sí está bien (mezcla imposible). Lo que realmente hubiese quebrado el paradigma es que algún adherente del tomar, inventase un alcohol que sepa igual de bien pero que no provoque los problemas físicos usuales de la ingesta desmedida del alcohol común. O que un abstemio acérrimo inventase un método de triplicar la duración de la vida mediante una dieta de cero alcohol. En cualquiera de estos casos, asumo que el paradigma caería.
La tercera y última estrategia que aquí comentamos, suelo asociarla al discurso de ciertos partidos de izquierda. Esta estrategia suele consistir en hacer surgir un tercer bando mediante un cúmulo de acciones que no pertenezcan a ninguno de los dos bandos. Señalemos que desde el vamos, esta actitud es mucho más digna: busca superar el paradigma imperante, a diferencia de las otras posturas que buscan más bien sobrellevar la situación. Sin embargo, los que adhieren a esta estrategia (los llamo los “tercera posición”, perdón a los peronistas mi poca literatura para las nomenclaturas) chocan rápidamente en un escollo: al querer realizar sus acciones equidistantes y distintas a los extremos encuentran que “en los dualismos un poco estrictos, casi todas las acciones suelen pertenecer, por definición u omisión, a alguno de los dos extremos”. Entonces a los “tercera posición” suele quedarles, como únicas opciones para ejercer, un muy pequeño número de prácticas y acciones que se encuentran desvinculadas. Y esto añade un nuevo problema a esta estrategia: en las situaciones bipartitas, el conjunto de los recursos y herramientas necesarios para lograr una práctica significativa, suele estar dividido entre los extremos en pugna, razón por la que cualquier práctica que se sustraiga de ellos, también se sustrae de los elementos necesarios para darle potencia a la acción. Y así se torna imposible romper el odiado estado dualista de las cosas. Pienso en los partidos de izquierda que viven prometiendo quebrar el bipartidismo y lo único que conocen es la fractura de sus propias agrupaciones. Siempre en pos de una pureza ideológica que los aísla tanto de los extremos bipartitos como de la realidad con la cual se consideran comprometidos.
Y creo que todas estas posturas, que tiene su común denominador en ser intentos por eludir las opciones duales, fallan porque ignoran (o simplemente omiten) el funcionamiento de un paradigma:
Los paradigmas (en este caso cualquier paradigma binario) suele quebrarse luego de un proceso de “acumulación de anomalías”, es decir, de acumulación de problemas que el paradigma es incapaz de resolver con sus recetas. Y estas anomalías, sólo se consiguen ejerciendo el paradigma. Y esto resulta fatal para las posturas arriba descritas: el quiebre del bipartidismo les implicaría ejercer aquello que condenan.
Ignoran (u omiten) que las situaciones duales, bipartitas no suelen ser quebradas por aquellos que voz en cuello profetizan que quebrarán el status quo. Todo lo contrario, los cambios son realizados por grupos o individuos que, tomando una posición y haciendo uso de todas las herramientas que su bando le provee, aportan una original y creativa relectura o práctica, dando lugar a algo nuevo, que cambia la situación imperante. No es el moderado, muchas veces disfrazado de prudente, el que hace avanzar las cosas. Suele ser el extremista que, usando su cabeza (o sus músculos) de una manera original, vuelca la balanza para un lugar insospechado hasta entonces.
Dos ejemplo: Lutero nunca buscó separarse de la Iglesia Católica, es más, desde el marco que su formación teológica católica le daba intentó dar respuestas a sus preguntas; y terminó por generar el “bando” protestante, quebrando el paisaje que hasta ese entonces no era más que un grupo de diferentes facciones católicas. Kepler, adherente del heliocentrismo copernicano, luego de intentar encuadrar durante ocho años el movimiento de Marte (la anomalía) en la teoría copernicana, llegó a la conclusión de las órbitas elípticas: conservando así el heliocentrismo de Copérnico pero cambiando de raíz toda la mecánica circular que se le suponía al cielo.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Comentario a "Sobre la Idea de Pueblo"

Hace algún tiempo me crucé con el artículo de Alejandro Rozitchner, un autor que se define a sí mismo como un "ideólogo libre de ideologías" (ver su blog). El artículo completo lo reproduzco y comento a continuación ( también pueden leerlo aquí).

1) La palabra pueblo tiene un sentido fascista, es decir, excesivamente autoritario. La palabra pueblo, la idea de pueblo, es un truco político para aprovecharse de la gente. ¿En qué consiste? En que amucha (junta, apelmaza) a todas las personas, a todos los individuos, en una masa manipulable.
Mal comienzo. Por respeto a la especificidad del lenguaje, hay que definir los términos y señalar sus condiciones de uso antes de decir ‘que hacen’.

2) Para construir esa masa cada individuo debe despersonalizarse, dejar de lado sus diferencias, su realidad, y pasar a simular ser una cabecita más en la muchedumbre que viva al líder popular. La masa, el pueblo, no valora la individualidad: ni las emociones, ni los deseos, ni las diferencias, ni todo lo que constituye la riqueza de la personalidad, la verdad de las vidas concretas.
Resumen del argumento: una masa se construye a partir de los individuos.

3) Los populares viven luchando en contra de las manifestaciones de la personalidad individual, endiosando las características del imaginario hombre popular, un ser imposible y carente de todo atributo. Los populares no quieren que nadie se desarrolle, porque si lo hace deja de ser pueblo (asumo que pasa a ser un individuo) y el pueblo debe estar ante todo sometido al rigor de una organización estricta, comandada por sus defensores, en la que deben obedecer y besar la mano del que los cuida, como si fueran animalitos.
También la recíproca es cierta: un individuo puede surgir de una masa (haciendo la suposición señalada).

4) Los populares pretenden que la gente sea como animalitos, quieren una manada sacralizada y pobre, para eternizarla con picardía en una pobreza a la que se respeta como si fuera una expresión de una verdad trascendente. La palabra pueblo sirve para desarrollar la pobreza. No el país. No a las personas. No a la gente real. La idea de pueblo ama a la pobreza, y cree que esa situación de carencia representa la “cultura popular”.
Desde el punto de vista del autor deberíamos caracterizar a las poblaciones colonas inglesas, calvinistas y proto capitalistas del siglo XVI como ‘populistas’, pues tenían un ideal de austeridad muy importante… como carecemos de definición del término ‘popular’ no sabemos si esta aplicación del término está bien (ver párrafo 1)

5) Los populares, subidos a la idea del pueblo, cabalgan en su discurso (lo popular es siempre un discurso, que abusa de aquellos a los que dice representar y defender) arrasando con todo aquello que intente resistirse a su movimiento autoritario. Como son “los buenos” pueden hacer todo tipo de maldades, tienen la justificación en esa instancia suprema, religión moderna, el pueblo. Los populares son “buenos” y no paran de hacer desastres a los que luego enmascaran como una necesidad de su lucha popular.
A esta altura ya vendría bien un ejemplo, el término ‘los populistas’ empieza a sonar demasiado genérico. Necesitaríamos de algún dato concreto para saber bien de lo que se habla (si es que se habla de algo concreto).

6) Pero el pueblo no existe.
Caso curioso: en la primera oración del párrafo 1 se dice que ‘pueblo’ es una palabra, una idea, entonces el hecho de que se la pronuncie (escriba) implica su existencia lingüística.
La otra posibilidad es que el autor haya querido decir que aquello referenciado por el término ‘pueblo’ carece de existencia objetiva, lo cual resulta complicado de averigüar: como carecemos de una definición de ‘pueblo’ no sabemos a qué se refiere y tampoco sabemos que buscar, entonces el enunciado ‘el pueblo no existe’ nos resulta incontrastable.

7) Hay algo mejor: personas.
¿Qué es una persona? Nuevamente caemos en las condiciones del párrafo anterior, y la falta de definición impide la contrastación del enunciado.

8) Esas personas pobres que la idea de pueblo tritura son personas.
¡Qué ejemplo de dialéctica filosófica! “esas personas que la idea de pueblo tritura son personas”… en lógica proposicional lo llamamos Inferencia por Simplificación: una conjunción de proposiciones implica a cualquiera de sus partes.
Otros ejemplos de este tipo de inferencia:
"Los perros negros son perros"
"Los escritores de filosofía son escritores"
"Las afirmaciones sin datos son afirmaciones".



9) Personas que merecen una vida mejor, que luchan por conseguirla, personas a las que hay que ayudar desde el Estado a lograr una organización que produzca bienestar y riqueza: cosa que los populares no saben hacer. Los populares, los cabecillas de lo popular, sólo logran privilegios para sí mismos. Es la historia del populismo. Sí, hubo algunas conquistas sociales, allá lejos y hace tiempo, pero desde hace tiempo los populares producen poca democracia y mucha imposición, poco logro y mucha verborragia, mucho pueblo y poca riqueza. Excepto para ellos mismos.
Y este relato de la ‘historia del populismo’ ¿es ficcional o pasó de verdad? Si esto que contás fue cierto, me gustaría saber fecha, lugar y protagonistas. Además, si los populares en determinados contextos hicieron cosas buenas ¿qué excluye la posibilidad de que ahora estamos en una de esas situaciones?

10) Hoy día sólo hay pueblo cuando se contrata a actores para que lo finjan. Esos actores son los pobres, a los que se transforma en mano de obra de una pantomima barata, muy barata, algo más que el pancho y la coca.
La frase “sólo hay pueblo cuando se contrata a actores para que lo finjan”, la podemos reordenar en Antencedente-Consecuente como “si hay actores contratados que finjan, entonces hay pueblo”. Supongamos cierta esa oración. El contrarecíproco de esta proposición sería “si no hay pueblo, entonces no hay actores contratados para que lo finjan” y en virtud de la suposición anterior, sería verdadera. Por el párrafo 6 sabemos que “No hay pueblo” es cierto, entonces podemos asegurar que "no hay actores contratados para que lo finjan". Como “esos actores (contratados para que lo finjan) son los pobres”, y dado que no hay actores, concluimos que no hay pobres. ¿Habrá sido algún error de hipótesis?

11) No siempre fue así. En otras épocas, la palabra pueblo, la idea de pueblo, tenía otro sentido. La cultura humana no había logrado desarrollar al individuo como lo logró en el último siglo. Gracias a un avance enorme en el conocimiento, en la salud, en la producción, en la comunicación, en la psicología, en toda la cultura en general, hoy en día hay más individuos que nunca, personas que se saben tales, que no necesitan sumirse en un conjunto indiferenciado para hacer su vida. La idea de pueblo tenía sentido cuando el país todavía no era una nación, y había que abrir el espacio de una libertad nueva. En esas épocas las guerras consumían vidas en una forma que hoy nos parece atroz y no toleraríamos.
Muy buen dato para tener en cuenta en alguna posible carrera política: hay ciertas situaciones donde cobra sentido el uso de la idea de pueblo y por ende la coerción que eso conlleva (ver párrafo 1).

12) Hoy en día el pueblo es un recurso retórico, una palabra que se usa para darle valor a la pobreza, cuando correspondería tratar de resolverla mediante la producción de riqueza. Los populares dan subsidios, para mantener a todos como sus hijitos pobres.
Ver comentario al párrafo 4. ¿Los colonos norteamericanos recibían subsidios?

13) Una política para el desarrollo generaría trabajo, abriría mercados, uniría recursos, sería capaz de proyectos sociales serios, de ver las verdades de la vida comunitaria.
Generaría trabajo: ¿de qué tipo?
Abriría Mercados: ¿no se sufrió ya mucho con ello?
Proyectos sociales serios: necesitaríamos un termómetro para medir la seriedad de un proyecto ¿tiene Ud. alguno?
La verdad de la vida comunitaria: parece el eslogan de un monasterio medieval.

14) Los populares mienten las cifras, para que su lucha parezca buena, cuando no lo es. Los populares arman peleas, para convencer a los pobres de que están amenazados por los ricos, para que no se logre un acuerdo, buscan preservar el estado primitivo de la sociedad porque sacan partido de la situación. Los populares se llenan de plata, y si se lo ponen en evidencia dicen que lo hacen por el bien del pueblo.
¿Te consta? ¿tenés pruebas? De ser así tenés que denunciarlo a la justicia, de lo contrario podrías ser encarcelado por cómplice. Y de paso avisános quiénes son, todavía seguimos sin saber a quién te referís...

15) La palabra pueblo suena a fascismo, a gran monumento musoliniano, a pretensión nazi de una lucha final y santa. Detrás de la idea de pueblo hay siempre un intento de autoritarismo, una cierta falta de inteligencia, una promoción disimulada de la pobreza.
Si consideramos al artículo como un diálogo del autor con un lector hipotético, entonces estaríamos en la presencia de un caso que verifica la Ley de Godwin: "A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a 100".

Nota final: presiento que a) faltaron datos o b) no son necesarios en la 'filosofía'.

Pensé en poner una imagen de Borges: era un rabioso antipopulista y un gran, gran escritor (debe ser el que más disfruto leer). Pero nada de este post está a la altura de su imagen...


domingo, 5 de diciembre de 2010

Celebración y recapitulación.

Creo que rompí un récord: nunca antes había pasado más de un mes entre dos posteos. Cuestiones de tiempo y de poca claridad de ideas. Sin embargo eso cambió ahora que finalizó el ciclo lectivo (me refiero a la cuestión del tiempo, claro está); y llego a tiempo para celebrar el segundo aniversario de Apocrifasia.
Cuando inicié este espacio a fines del 2008, me definí en mi perfil (todavía puede leerse) como "escéptico de la ciencia y occidente". Sin embargo, en el último año, lecturas pro científicas (Popper, Lakatos y Bourdieu principalmente) y otras más críticas de la ciencia (Kuhn y Feyerabend) me han hecho reflexionar sobre el torpe escepticismo que manifestaba al inaugurar el blog.
Torpeza que residía en el enunciado principal de tal postura: "me declaro escéptico de que la Ciencia pueda alcanzar y brindar un conocimiento objetivo acerca de las cosas". Escepticismo trivial, ya ni siquiera los científicos creen eso; sólo la epistemología de masas, mantenida por los Licenciados en Comunicación Social (léase periodistas) cree en eso al mismo tiempo que unifica lo obvio con lo real. (NOTA: No voy a dar ahora las razones de esta afirmación sobre el carácter no-objetivo del conocimiento científico. Sin embargo esto puede justificarse parcialmente a partir del enfoque falsacionista de Popper, el progresista de Lakatos, y más firmemente con la postura histórica y sociológica de Kuhn y, por supuesto en la anarquista/dadaísta de Feyerabend. Recomiendo que los lean, no recurran a resúmenes ni comentarios. Si otros se los cuenta, se perderían unas lecturas muy placenteras. Todos ellos fueron intelectuales con ideas muy firmes y claras -firmeza y claridad que rara vez encontré cuando leía a los estéticos, ontológicos, y hermeneutas- y con prosas muy irónicas).
Sin embargo, lo más importante y lo que me cambió "el chip" en la cabeza, fue ver que tal pretensión de objetividad en el conocimiento de la realidad, puede abandonarse sin que ello convierta en un sinsentido la investigación científica. La noción de "modelo" (que no es nueva), como una explicación parcial que da cuenta de algunas cosas reales e ignora deliberadamente otras, dota de un carácter más pragmático a las soluciones que la Ciencia brinda a sus problemas. Y de esta forma, al afirmar que la actividad científica tiene como objetivo construír "modelos", se evapora el carácter objetivista que yo utilizaba como principal argumento para igualar a la Ciencia con cualquier otra ideología. Si bien dudo que la Ciencia esté en un puesto más alto que la ideología (ver Feyerabend), si tiene importantes diferencias que no saltan a primera vista peor que son fundamentales, y que justifican optar por ella en ciertas situaciones (ver futuras entradas).
Recapitulando: sigo siendo escéptico de la Ciencia en los mismos términos que en los albores de este blog, pero lo que yo creí que era una reflexión sesuda, desafiante y luminosa (y así lo era en el siglo XIX) terminó siendo una trivialidad epistemológica en el siglo XX.

En cuanto a la frase "escéptico de Occidente" cada vez dudo más de poder darle un significado concreto.





Odiseo Blabla

domingo, 31 de octubre de 2010

Apestosos y Políticos.

¡La política es una basura, pura suciedad, pura mugre! Eso dicen literalmente muchas personas para luego mostrar con orgullo su carácter apolítico.
De acuerdo, coincido, la política es algo esencialmente asqueroso. Pero bajo ningún punto de vista eso debe ser una excusa para abandonarla a sí misma. De hecho, la suciedad y la imperfección de la política es la mejor que tenemos para involucrarnos en la misma.
Si la política fuese por un momento justa, buena y bella, entonces sí estaríamos en lo correcto al no involucrarnos ¡No vaya a ser que la terminemos por estropear con nuestras sucias y humanas manos! Llegado el caso, incluso la indiferencia sería la actitud más recomendable... Pero nada de eso ocurre.
Sucede todo lo contrario: cuando a la importancia de la política le sumamos su carácter imperfecto y corrupto, es cuando más razones tenemos para intervenir en ella y esforzarnos por no dar lugar a los excesos que produce su "funcionamiento automático". La política es demasiado importante y maldita para dejarla en paz y tranquila...
Resumiendo: la política es definitivamente sucia. Y no deja de ser una paradoja (o impostura) que la mejor razón que tenemos para involucrarnos en la política, sea esgrimida como una excusa para alejarnos y eximirnos de ella.




Odiseo Blabla

domingo, 17 de octubre de 2010

Nada.... haciendo tiempo

Esto lo escribí hace dos años.... no se si hoy adhiero a esto, tendría que replanteármelo. Lo transcribo idéntico, sólo corregí la ortografía, (casi) no toqué la redacción- se nota.

Hoy es 13 de octubre, hace 516 años y un día, los procesos y las causalidades quedaron trastrocadas en esta tierra: aquí, como alguien dijo, "la historia se cayó". Un indígena ve de repente que alguien llega, destruye su hogar y lo obliga a trabajar en una mina, a este nativo hablarle de procesos económicos lo trastroca: lo obliga a suponer que hay algo más grande que él y su mundo: la objetividad europea...


En las dos oraciones que componen el anterior párrafo, el término "trastrocamiento" es central. En ese entonces estaba muy impactado por la conferencia "El Orden del Discurso", allí Foucault proponía como método de análisis discursivo "un principio de trastrocamiento"1. Y me encariñe con el término.

1 También se escribe "trastocamiento".




La vera historia...

domingo, 10 de octubre de 2010

Lakatos, Perón y Chávez.

Antes de empezar (o al terminar), ver nota *

"Ningún resultado experimental es capaz de matar una teoría; cualquier teoría puede ser salvada de los contraejemplos, bien mediante algunas hipótesis auxiliares o mediante adecuadas reinterpretaciones de sus términos"
** Imre Lakatos.


Y no pasó nada... y no pasó nada en Venezuela. Hace dos semanas hubo elecciones en Venezuela, y esperé unos días para ver si, de rebote, pasaba aquello que nos advertían en los medios (fraude electoral, violencia contra los votantes, impugnación de resultados, etc.)... contra todo eso, NO PASO NADA.
Ahora nuevamente el análisis basado en el enfoque "dictatorial" de la cuestión venezolana deberá reestructurarse. Un nuevo contraejemplo (en número 13) será una nueva y leve anomalía que los denunciantes y fiscales de la "dictadura venezolana" se encargarán de explicar, mostrándonos que en el fondo (cada vez más en el fondo), por más elecciones libres que haya, Hugo Chávez es un dictador. Porque, curiosamente y en contra de lo que cualquiera pudiera creer, no son nuestras acciones las que nos definen ¡No señor! Lo que nos caracteriza (a nosotros y a Chávez) es una tendencia interna y dictatorial, una mala voluntad oculta. Por suerte esta faceta oculta, este Mr. Hyde escondido tras nuestros rostros, es conocido (váyase a saber por cuales métodos) por aquellos que tan valientemente señalan y denuncian la "dictadura constitucional" de Venezuela.
La frase de Imre Lakatos mencionada arriba, nos advierte que todas las teorías (en particular la del Chávez dictador, así como la otra teoría del Perón dictador), son irrefutables; siempre podrán conservar su vigencia. No importa cuantas elecciones haya, no importa cuantos referéndum, no importa cuanto se redistribuya la riqueza, no importa si se modifica la constitución por medios constitucionales; No importa nada de eso, la teoría en cuestión (la del Chávez/Perón dictador), sigue con su vigencia intacta.
No importa lo que se haga (a excepción, claro, de irse), siempre ellos (los defensores de la libertad) hallarán la manera de llamar "demagogo" y "dictatorial" a cualquier régimen que les de mala espina. En especial a los dos que mencionamos arriba: el gobierno peronista y el chavista.
Repetimos: Lakatos (filósofo húngaro, discípulo de Popper, profesor de la Escuela de Londres,exiliado a causa de la URSS), ya nos advertía un mecanismo cuya aplicación recurrente siempre permite defender estas teorías:
Ellos (los opositores) llaman a Chávez y a Perón "dictadores" y se rasgan las vestiduras en pos de una real "democracia". Les pedimos que definan "democracia" y nos hablan de elecciones y de concensos. Les señalamos las 4 elecciones ocurridas en la época peronista y las 12 realizadas durante el gobierno de Chávez; y concluímos que esto coincide con la definición dada de "democracia".
Entonces ellos nos señalan que la democracia no es solo la reiteración periódica de eventos electorales, si no que debe haber una real dimensión pública de la política para que un régimen sea democrático. Frente a eso, nosotros les marcamos que tanto el gobierno peronista (con los cabecitas negras) como el chavista (con los pueblos originarios ***) se caracterizaron por poner en escena a sectores que tradicionalmente no habían tenido tradición política o se encontraban rezagados respecto de otros sectores. Nuevamente concluimos, que a pesar de la reelaboración del término, tanto Chávez como Perón siguen siendo democráticos.
¡No! nos gritan, y en seguida bajan la voz. Luego nos hablan de las formas correctas y del respeto a las instituciones. Y sentencian que tal respeto no se halla en ninguno de los dos gobiernos que estamos discutiendo.
Frente a eso les recordamos que Perón asumió el gobierno luego de una secuencia de 15 años de golpes militares y fraudes electorales y les preguntamos qué instituciones quedaban en pie como para que el gobierno peronista las respetara. Cómo puede ser anti institucional un gobierno como el peronista que en 1949 con una sola ley DUPLICA el padrón electoral al instaurar el voto femenino... entonces ellos responden que ... y nosotros contestamos que... y así seguimos durante horas...
¿Qué hacemos frente a esta historia de nunca acabar? Lakatos, luego de diagnosticar este problema con las teorías, proponía una ingeniosa solución: dado que hay muchas explicaciones de los hechos, explicaciones coherentes y mutuamente excluyentes entre sí, debemos elegir las que sean "progresivas" (es decir las que explican y al mismo tiempo predicen nuevos hechos, cuya existencia se confirma) y al mismo tiempo debemos descartar las explicaciones "regresivas" (aquellas que solamente explican los eventos ocurridos sin pronosticar nada nuevo, o que pronostican hechos inconfirmables o bien que nunca terminan por ocurrir).
Entonces esta clasificación de las explicaciones, nos da un fallo salomónico: la teoría del Chávez/Perón dictador es "regresiva", no sirve. Explica los eventos, y al mismo tiempo predice fraudes electorales, impugnaciones, aprietes a los votantes. Pero nada de eso ocurre... Hay una, dos, tres... 13!! elecciones y deben continuamente cambiar sus definiciones para explicar como a pesar de las elecciones, Chávez es un dictador. Nos hablan de un gobierno peronista dictador, y mirando los documentos históricos nos encontramos con la ley del voto femenino, con la igualación de los derechos de los hijos naturales y los legítimos, encontramos derechos laborales por primera vez en la Argentina, etc....
Se politiza la ciudadanía, crecen los niveles de participación electoral, el Congreso se convierte en un lugar que puede frenar al ejecutivo; pero a pesar de eso, siempre hay una veta semántica para dar una definición tal que permita encuadrar al gobierno venezolano como "dictadura".
Ellos, los detractores de estos gobiernos, intentan explicar estos procesos. Y lo consiguen, pero sus explicaciones son "regresivas". Más que explicar, pareciera que ellos van corriendo detrás de los hechos...aunque hay que reconocerles que parecieran no cansarse en su desbocada carrera contra la realidad...
Nosotros, por nuestra parte, estamos contentos con este "cambio de época"; con la politización de los sectores sociales, con la explicitación de intereses corporativos (que aunque siguen operando cada vez se les complica más hacerlo a la sombra)... miramos todo esto con asombro, un poco de esperanza, y además de eso, vemos la necesidad de explicar algo. Explicación que nos reclama, pero también nos excede... mayor razón todavía para ser cuidadosos y tentativos...

NOTAS:
*no me considero ni chavista ni peronista... los gobiernos mencionados (como cualquiera a lo largo de la historia) tienen profundos claroscuros. Habrá razones para considerarlos buenos o malos gobiernos, pero lo que es un disparate es llamarlo "dictaduras". Contra ese disparate (y sólo contra eso) dirijo el post.

**Imre Lakatos, "Los Programas de Investigación Científicas". Sección 1.1.c)

***pienso en las siguientes medidas: Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas, Ley de Demarcación y Garantía de Hábitat y Tierras de los Pueblos Indígenas, Ley de Idiomas Indígenas y la creación del ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas.





A los argentinos: ¿se acuerdan de este "incidente"?


Odiseo Blabla

domingo, 12 de septiembre de 2010

Una de Bertolt...

Cuando a Foucault le preguntaban porqué se interesaba en la política el respondía ¿porqué no hacerlo?. Bueno, acá encontré una mejor respuesta...

«El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.»
Bertolt Brecht





Muy linda imagen...

viernes, 27 de agosto de 2010

Epistemología y política

Hace aproximadamente un mes vi (en la tele) al periodista Robert Cox proponiendo una sencilla solución a los enfrentamientos del gobierno con los grupos mediáticos: que el gobierno dejase de entrometerse en los asuntos perodísticos, y a su vez los grupos mediáticos debían empezar a comportarse de acuerdo a cierta ética profesional, dedicándose a dar información objetiva.
Solución irralizable e imposible, se la mire por donde se la mire.
Sabemos que más allá del asunto de suponer la existencia o no de una realidad objetiva, el lenguaje nunca puede ser ni neutro ni objetivo (por ejemplo, el problema de un lenguaje observacional adecuado para la ciencia se remonta a Leibniz en el siglo XVII). Y el que la solución sea de caráter moral suma otras dificultades:
Supongamos que somos periodistas ¿cómo decidir cuál información es importante o no? ¿Cómo saber cuando es oportuno dar o no cierta información? Supongamos que soy conciente de que comunicar cierto dato de una forma produce un resultado A, mientras que comunicarlo de otra forma produce otro resultado B (queda claro que no hay una sola forma de comunicar las cosas). Evidentemente la forma de comunicación que decida emplear dependerá de la valoración que tenga de las consecuencias A y B ¿cómo juzgarlas y optar por una de ellas? Y supongamos que tanto la consecuencia A como la B las juzgo nocivas para la sociedad ¿Debería comunicar el dato o no? Si decido no darlo a conocer ¿No sería al mismo tiempo una inmoralidad ocultar la información? ¿Cuando deja de ser inmoral en democracia el ocultamiento de información relevante?
Por último, una misma moral dirigiendo a los medios, y teniendo los grupos mediáticos la capacidad de dar u ocultar la información según como la juzguen según esa moral (suponiendo que los medios se manejasen honestamente sugún esa moral) le daría a los grupos mediáticos una función legislativa: la legislación de la comunicación masiva. Un cuarto poder en el sentido más común del término. Un muy poco democrático poder...

Sin embargo lo interesante es notar lo TRIVIAL de todo esto. Todo lo escrito y mencionado
anteriormente son TRIVIALIDADES. Todos son cuestionamientos que se deducen inmediatamente de suponer que la solución al problema gobierno/medios/democracia es un "pacto ético" (obviamente no soy el primero en señalar esto)... Entonces la pregunta de millón no serían las anteriores cuestiones, la pregunta ganadora sería: los que apoyan el pacto ético como solución del problema político/mediatico ¿no se dan cuenta de lo anterior?
Obviamente debe haber quien interesada e intencionalmente elije no darse cuenta. Pero hay otro tanto de gente que con toda honestidad pareciera no reparar en estas dificultades. Esa gente ¿no se da cuenta?

Feyerabend en su tratado "contra el Método", señalaba que "las teorías llegan a ser claras y razonables sólo después de que partes incoherentes de ellas han sido utilizadas durante un largo plazo". El uso reiterado de un punto de vista, nos cauteriza a las incongruencias del mismo. En base a esto, no resulta aventurado afirmar que el adherir a la solución ética del problema mencionado, es una reacción esperable de los que han supuesto por mucho tiempo que existe una comunicación neutra, que es posible el "ideólogo sin ideologías", que hay una sola ética, que la comunicación es una espacio ajeno a la política... el haber tomado estas ideas como premisas durante mucho tiempo, hace que a muchos les resulte extraña la posibilidad de que el problema político/mediático sea un poquito más complejo comparado a lo que su viejo enfoque les hace diagnosticar.
Al mismo tiempo y por otro lado, Imre Lakatos advertía que hay problemas epistemológicos (como la demarcación de lo que es científico y no lo es) que lejos de ser problemas para filósofos de salón, son cuestiones de importacia política vital. Y me parece que lo anterior es uno de esos problemas: las suposiciones simplistas (el lenguaje neutro) y los diagnósticos pobres acerca de la realidad (considerar una sola moral), suelen ser la base de prácticas ingenuas en el mejor de los casos, peligrosas en otros...
Como observación final, me gustaría marcar (sin proponerlo como solución) que una revisión periódica de las hipótesis que utilizamos, nunca viene mal y además nos ayudaría a dar soluciones y propuestas menos dogmáticas, más tentativas, autoreflexivas y hasta más respetuosas del prójimo...




Una advertencia mucho mas breve y original que las que he dado en el resto del post...

Odiseo Blabla

martes, 10 de agosto de 2010

Modelos...

"Sería absurdo formular una receta o regla general (...) que sirva en todos los casos. Deberíamos usar nuestros propios cerebros y ser capaces de encontrar los propios modos de conducirnos en cada caso separado" Lenin.

Muchas veces desde los medios argentinos, algunos periodistas y políticos señalan (aturden con) la necesidad de un 'modelo' o 'proyecto de país'. Según este enfoque, la sociedad debiera iniciarse en una debate mediante el cual se establezcan metas comunes, síntesis nacionales, puntos de acuerdo, que se constituyan en el núcleo duro de cualquier política estatal futura.
De forma tal que cualquier eventual gobierno que llegue al poder tenga como condición a la hora de desarrollar sus políticas, el partir de los principios fijados en el 'modelo' y no contradecirlos.
Sin embargo, a este enfoque del 'proyecto de país' le surgen dos problemas:
1) Aunque un debate como el que se plantea necesario para generar el 'modelo' pueda en principio ser un debate rico, variado, respetuoso, el imponer el 'modelo' tendría paradójicamente como consecuencia el empobrecimiento del diálogo y del paisaje político-ideológico. Es fácil ver porqué: el establecer con cierta rigidez los puntos rectores de la política futura, significaría que sólo las ideas y propuestas que partan del 'modelo' podrían aspirar a tener representación y peso político. Mientras que el resto de las ideas contrarias o simplemente alternas al 'modelo' deberían (en el mejor de los casos) resignarse a existir en democracia sin molestar ni ser molestadas. Supongamos una idea surgida luego de la implementación del 'modelo', no importa cuanto concenso tenga, cuan productiva y provechosa pueda ser, si contradice al 'modelo', según este esquema, dicha idea quedaría sistemáticamente fuera de la discusión política.
Esto es, término por término, empobrecer cualquier tipo de debate político. Cualquier diálogo ideológico que pueda ser significativo, quedaría por definición restringido al seno de una elite de ideologías gravitantes al rededor del 'modelo'.
Huelga decirlo, pero esto no es precisamente un panorama auspicioso para la pluralidad en una sociedad...

2)El segundo problema que creo reconocer en el enfoque 'del proyecto de país' no es necesariamente intrínseco a tal idea. No necesariamente debe darse, pero sospecho que entre todos los partidarios de la creación del 'modelo' habrá a quien le cuadre la crítica. Y este problema consiste en la inmadurez que muchas veces conllevan las invitaciones de estos periodistas y políticos a consolidar el 'proyecto de país'.
Como señalaba Feyerabendd, las invitaciones a las síntesis en las discusiones, las búsquedas insistentes de metas comunes y puntos de acuerdo, muchas veces demuestran que no estamos dispuestos a aceptar ningún planteo que no esté mezclado, aunque sea un poquito, con nuestros adorables prejuicios propios...
Y a propósito de esto, cuando los periodistas y lo políticos invitan a pensar y discutir el 'modelo de país' da la impresión de que la idea de quizás no poder llegar a un acuerdo les fuera totalmente ajena.
Pareciera que dan por sentado que si hay debate, la consecuencia natural deberá ser un concenso. Pareciera que estos periodistas y los políticos desconocen la existencia de posiciones inconmensurables, de diferencias insalvables, de valores y proyectos irreconciliables que pueden vivir juntos pero no concensuarse... Y esta inconmensurabilidad de las ideologías es la causa y fundamento de la pluralidad, y pareciera que esto no entra en los cálculos de esos políticos y periodistas.




Me causó gracia... espero que a ustedes tmb...

Odiseo Blabla

sábado, 31 de julio de 2010

¿Seguirá siendo muy rebuscado lo que digo?

Escribo aquí lo que intenté expresar (sin conseguirlo) hace un tiempo aquí.

Tomemos como hipótesis un Estado y una sociedad conectados de una forma groseramente simple e ideal: la sociedad le entrega al Estado la suma del poder político, y el Estado adquiere obligaciones para con dicha soceidad. Una de esas obligaciones es la de brindar información veraz sobre el funcionamiento de lo estatal... Entonces:
  • ¿El Estado sólo puede cumplir con esa obligación recurriendo al periodismo?
  • ¿Sólo el discurso periodístico puede garantizar una difusión masiva de la información estatal?
  • ¿Será posible una forma de comunicación masiva diferente y alterna al periodismo?
  • ¿O será que cualquier forma de comunicación masiva es por definición periodística?
Esta vez, sólo tengo preguntas... Pero intuyo que la Web permite intuír algunas respuestas que parecieran ir por el lado de encontrar algunas alternativas al periodismo: es interesante pensar que la Web (como leí aquí) generará una revolución que aporte positivamente a la transparencia y la colaboración política; pero a mi me resulta más interesante ver que también puede inocularnos contra imposiciones mediáticas de agenda, contra manipulaciones de marketing, contra la opinión inducida de forma masiva... y de hecho YA está ocurriendo. Recuerdo que durante el debate acerca de la Nueva Ley de Servicios Audiovisuales (que todavía se estaba dando cuando empezé a reflexionar sobre esto) salieron a la luz foros de debate, páginas web (en especial páginas web), marchas que mostraron opinión e información. Y todas eran formas más o menos alternas al periodismo entendido de forma tradicional...

No tengo conclusión esta vez...



Odiseo Blabla

martes, 13 de julio de 2010

Reminiscencias Políticas...

Lo de hoy es un ensayo que dos compañeros y yo tuvimos que escribir en el 2006 (teníamos 15 años) para aprobar la materia Derechos Humanos y Ciudadanía. En esa ocasión el profesor nos puso un 10. Pero leyendo el ensayo después de años, y viendo lo que la consigna consiguió extraer de nuestros cráneos, creo que el diez se lo merecía el profe...

Lo copio y pego tal cual, sin arreglar algún problema de cohesión que pueda tener...

“Poder Político Democrático: La difícil articulación entre legitimidad, legalidad y eficacia”

Todos los agrupamientos humanos han tratado de sobrevivir y reproducirse. Frente a los desafíos del medio se has ido organizando mediante la cooperación, la reciprocidad y la confianza, para generar una esfera de control social (poder social) sobre el medio ambiente y sobre el propio hombre como un potencial peligro para la estabilidad de la sociedad establecida. Así, se establece una densa red de relaciones sociales, entre esas relaciones, se destacan las relaciones de poder (Capacidad de un actor (a) ya sea individual o colectivo, para influir de manera intencional a otro actor (b) para obtener determinados resultados, que de no haber intervenido (a), (b) no los haría). Hay que destacar que toda relación de poder o de dominación, implica una relación social. Pero no toda relación social implica una relación de poder. Esto solo va a suceder si un actor tiene voluntad de ejercer una influencia sobre otro actor y que lo logre. Entre tales relaciones podemos encontrar diversos tipos de poder: El poder económico, se basa en la posesión de recursos materiales escasos y considerados socialmente valiosos (Por ejemplo una empresa o una propiedad privada); El poder ideológico, se basa en el control de la generación y la difusión de ideas (La religión como institución); Y el poder político.
En este último, se puede decir que la política esta estrechamente relacionada con el Poder. Si se dice que la política trata de deliberación y decisión, tiene que estar dispuesta a respaldar sus mandatos con el poder necesario para obligar aún a aquellos que por cualquier causa se resistan a obedecer. Por eso es que se habla de Poder Político.
El poder político se basa en muchos recursos (materiales y simbólicos) pero lo que mejor define a este poder es el monopolio legítimo de la violencia, es decir, que la única violencia autoriza para ser ejercida es la de un actor determinado. El Poder político es el encargado de mantener un orden relativo. Se le otorga legitimidad para tomar diferentes decisiones sobre la organización de la sociedad. El Poder Político establece un orden que se manifiesta en el gobierno. El gobierno tiene derecho a mandar sobre la sociedad, y esta, el deber de obedecer al gobierno.
A su vez, puede haber diferentes tipos de poderes políticos. Cada regimen político tiene un determinado tipo de poder político.
Para analizar un determinado poder político hay que ver, básicamente, estos tres conceptos: La legalidad, la legitimidad y la eficacia. Al hablar de legalidad nos referimos a las acciones de poder político y su apego a las leyes establecidas y reconocidas públicamente sancionadas según procedimientos autorizados. La legalidad de los procedimiento de cómo se accede al poder (legitimidad de origen) y de cómo se ejerce (legitimidad de ejercicio), implica (en el caso de un régimen democrático) la vigencia de un Estado de Derecho constitucional y democrático que sanciona las condiciones que han de revestir las elecciones para ser válidas.
Se define a la eficacia, como la capacidad de un actor para alcanzar los objetivos propuestos.
Se define a la legitimidad como la justificación de un poder para mandar. Según Max Weber, la legitimidad puede ser: Carismática, se justifica el poder a partir de las cualidades extraordinarias de quien lo ejerce (Por ejemplo Hitler); Tradicional, donde el poder se justifica mediante la costumbre y las tradiciones (Por ejemplo un rey); Por último, puede ser Legal-racional, donde la justificación se basa en que se aya accedido al poder y este se ejerza de acuerdo a las leyes escritas.
Nos debemos preguntar ¿Cómo se legitima el poder político en un determinado régimen político? ¿Cuáles son los aspectos legales en dicho régimen? En caso de que existan esas reglas ¿Son estas eficaces a la hora de regular y condicionar parcialmente los comportamientos de los sujetos que ejercen el poder?
El ejercicio de un poder político democrático debe ser legal y estar sujeto y reglado por la eficacia de las leyes preescritas y fundamentalmente por la constitución (Aquí, la legitimidad de ejercicio se identifica parcialmente con la legalidad del mismo).
Hasta ahora, al explicar la relación entre legitimidad y legalidad de un régimen político democrático nos referimos a una legitimidad de origen (en un régimen democrático esta legitimidad la dan las elecciones), con la que se cuenta el acceso al poder. Pero esa legitimidad, aunque se estén cumpliendo los aspectos legales, puede variar dependiendo de las acciones realizadas, si son eficaces o no a la hora de resolver conflictos.
¿Por qué hablamos de una difícil articulación entre legalidad, legitimidad y eficacia en un poder político democrático? Podemos considerar la legitimidad como una variable dependiente de la legalidad como también de la eficacia. Hay que recordar que la legitimidad de ejercicio (la legitimidad que se posee mientras se ejerce el poder) depende tanto si se comporta con arreglo a derecho (legalidad) como si resulta eficaz a la hora de satisfacer los intereses comunes (bien público). Además surge otra relación que demuestra la complejidad de la relación de los tres conceptos, muchas veces la legalidad puede bloquear la toma de decisiones eficaces para resolver un problema determinado (por ejemplo una burocracia muy densa) y eso podría llevar a la pérdida de legitimidad frente a la ciudadanía a pesar de que se estén cumpliendo los requerimientos legales. Resulta necesario recordar que en un régimen político democrático se coloca en la base de toda legitimidad de entrada y como criterio para juzgar la legalidad y la eficacia del poder político a toda la ciudadanía. Por ejemplo, sujetos que se hicieron cargo del poder político y accedieron con una alta legitimidad y cumpliendo los requisitos legales, como puede ser el gobierno de Alfonsín o De La Rúa, que a causa de impopulares medidas (como el “corralito”) terminaron con muy bajos índices de popularidad. Un ejemplo que puede mostrar cómo la legalidad puede bloquear la toma de decisiones eficaces (más allá que el considerar eficaz una medida es relativo) es el gobierno de Hipólito Irigoyen (1916-22; 1928-30), donde la mayoría conservadora en el Senado imposibilitó la sanción de diversas leyes (por ejemplo la nacionalización del petróleo).
A la hora de tratar de encontrar respuesta al problema de la articulación de la legitimidad, la legalidad y la eficacia en los regímenes democráticos, se debe recordar necesariamente que, con 2500 años de existencia histórica la democracia, es una construcción social inacabada, incompleta e imperfecta, y trata de crear un orden que no cerrará jamás.
Si supusiéramos (por ejemplo) que un día se implementa un régimen democrático perfecto, la legitimidad de origen proviene del voto ciudadano y, a la vez, todo el sistema legal delimita de tal forma a los sujetos que tienen el poder que solo pueden tomar decisiones eficaces, dos problemas surgirían de inmediato: primero, una decisión puede ser eficaz para algunas personas y para otras no. Segundo, si el gobernante cumpliendo los requerimientos legales únicamente puede tomar decisiones eficaces, no habría diferencias entre un candidato y otro, y las elecciones serían innecesarias.
Si bien no hay una solución definitiva al problema, hay un medio para lograr que las consecuencias de las incoherencias en la democracia sean mínimas: la participación de la ciudadanía. Se necesitan mecanismos que permitan que la ciudadanía pueda controlar a los gobernantes entre elección y elección, que permitan que a la hora de implementar decisiones se identifiquen los aspectos positivos y negativos que tendría la implementación de la decisión.
Sin estos mecanismos y sin un alto compromiso ciudadano en lo que respecta a los asuntos públicos, el poder político se alejará de la voluntad popular y servirá únicamente a intereses personales o partidarios y habrá una democracia restringida y una ciudadanía incompleta el medida que la participación de esta se reduzca a las elecciones.
Siempre hay que tener en cuenta que el bien colectivo es algo que todos, sin exclusiones, debemos perseguir colectivamente. Nadie por más sabio, capaz y bien intencionado que sea puede tomar por nosotros.


Obviamente creo que el análisis es muy grosero, y hecho con un "instrumental" racionalista del siglo XIX; pero creo que es riguroso, claro y tiene un idea concreta. Nada mal para tres pibes de 15 años...



Un poco menos reflexivo que aquello
a lo que Quino nos tiene acostumbrados,
pero de todas maneras, es genial...


Odiseo Blabla


lunes, 5 de julio de 2010

Bertrand Russell...

Ando preparando finales y con poco tiempo... así que les dejo algo mejor de lo que yo podría podría escribir...

El pensamiento según Bertrand Russell

«Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte.
El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado.
Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.
¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos? ¿Van a pensar libremente los muchachos y las muchachas jóvenes sobre el sexo? Entonces, ¿qué será de la moralidad?¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces, ¿qué será de la disciplina militar?

¡Fuera el pensamiento!

¡Volvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro! Es mejor que los hombres sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarían como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa.
Así arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y así actúan en las iglesias, escuelas y universidades».

Principios de la reconstrucción social (1916)
[Extracto del libro escrito por Bertrand Russell]

Sacado de Aquí.



domingo, 27 de junio de 2010

Homenaje improvisado a Foucault....

Esta semana, más precisamente el pasado viernes 25/06, se cumplieron 16 años de la muerte del filósofo francés Michel Foucault.
No haré aquí una semblanza, pero a manera de recuerdo (y homenaje) les dejo el link con casi todas las obras principales de este autor que pude conseguir (faltan la Arqueología del Saber y Hermenéutica del Sujeto).
Hagan Click en la Imagen(el enlace está oculto en un servicio de anonimatización, cuando les aparezca la página negra, esperen unos 10 segundos)


Mi foto favorita de Foucault, un tipo que se tomó
en serio
el postulado de Marx de que la tarea
de la filosofía era cambiar el mundo.



Las Obras del pack son:
  • Historia de la locura en la épca clásica.
  • Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber.
  • Historia de la sexualidad II.El uso de los placeres.
  • Historia de la sexualidad III.La inquietud de sí mismo.
  • Raydmond Roussel.
  • Teatrum Philosophicum.
  • Microfísica del poder.
  • Vigilar y castigar.
  • La veradd y las formas jurídicas.
  • Genealogía del racismo.
  • Las Palabras y Las cosas.
  • Un caso de parricidio presentado por Michel Foucault.
  • La vida de los hombres infames.
  • Esto no es una pipa.
  • Del Lenguaje y la Literatura.
  • El Poder Siquiátrico.
  • Hermenéutica del Sujeto.
  • Interconecciones del Poder y Conocimiento.
  • La Fuerza del Loco.
  • La Sociedad tiene que ser defendida.
  • Las redes del poder.
  • Los Anormales.
  • Tecnologías del Yo.
  • Nacimiento de la Biopolítica.
  • Seguridad, Territorio y Población.
Entrevistas incluídas en el Pack
  • Minimalista de Si.
  • Sexo, Poder y Gobierno de la identidad.
  • El Ojo del Poder
  • Un Diálogo sobre la Prisión
  • Sade y El Cine
  • En qué se equivocó Marx (fragmento)
  • Entrevista de Roger Pol-Drot
Otros autores sobre Foucault, incluídos en el Pack
  • Aries, Foucault, et.al. - Sexualidades Occidentales
  • Baudrillard Jean - Olvidar a Foucault
  • Castro Edgardo - El vocabulario de Michel Foucault
  • Didier Eribon - Michel Foucault y sus contemporáneos
  • Holm-Detlev Köhler - Foucault como sociólogo de la empresa moderna
  • Humberto De León - Los caminos de la erótica


Bien señalaba Borges que toda muerte empobrece al mundo, y en particular, la prematura muerte de Foucault (tenía tan sólo 58 años, en el primer mundo eso es nada) nos privó (empobreció) del pensamiento de un hombre que habría tenido algo interesante que decir acerca de la caída del muro de Berlín, de la Guerra del Golfo, de la Internet, de las Torres Gemelas, etc... Sin embargo, Foucault probablemente habría desaprobado que lo tengamos como referente de autoridad; lo más seguro es que nos señalase la imperiosa necesidad de desarrollar un pensamiento propio sobre la caída del muro de Berlín, la Guerra del Golfo, la Internet, las Torres Gemelas, etc... y es esa sospecha hacia el especialista, esa reacción hacia el gurú intelectual, hacia la figura del "autorizado a hablar", es quizás lo más valioso y fascinante que Foucault tiene para enseñarnos...

Odiseo Blabla

viernes, 18 de junio de 2010

Democracia Y Epistemología

"Quiero defender a la sociedad y a sus habitantes de toda clase de ideologías, incluyendo la ciencia." Así comienza Paul Feyerabend su intenso ensayo "Cómo defender a la Sociedad de la Ciencia". En el texto Feyerabend festeja la separación de la Iglesia y el Esatdo, y al mismo tiempo propone una nueva y ambiciosa meta: la separación del Estado y la Ciencia. Para Feyerabend, un Estado unido a lo científico (de la forma en que actualmente se encuentran unidos) es en esencia, antidemocrático. Según el epistemólogo, en un sistema democrático, la sociedad debe decidir cuáles ideologías guiarán los rumbos de la comunidad. Y asi mismo, la sociedad también debe estar constante o periódicamente dando lugar a plebiscitos sobre dichas ideologías, plebiscitos que privilegien según el deseo social, tal o cual ideología por sobre el resto.
Debe ser la sociedad la que decida si los fondos del Estado servirán para Investigación y Desarrollo (I+D), o para construír iglesias en las que los ciudadanos se junten a rezar por buenas cosechas. Debe ser la sociedad la que decida QUE se va a enseñar en los establecimientos públicos.
Leamos un caso concreto de esto. Escribe Feyerabend:

"Los órganos del Estado no deberían nunca vacilar en rechazar el juicio de los científicos, cuando tengan razones para hacerlo. Tales rechazos educarán al público general, lo harán tener más confianza en sí mismo, y puede incluso conducir a mejorías. Considerando el apreciable chovinismo del “establishment” científico podemos decir: mientras más “Lysenko affairs” mejor. No es la interferencia del Estado lo reprochable en el caso de Lysenko, sino la interferencia totalitaria que mata a los oponentes en vez de tomar en cuenta sus consejos. Tres hurras por los fundamentalistas de California que triunfaron al lograr que se eliminara de los textos de estudio una formulación dogmática de la teoría de la evolución, y que se incluyera en ellos el relato del Génesis, aunque sé que ellos llegarían a ser tan chovinistas y totalitarios como lo son hoy los científicos, si se les diera la posibilidad de dirigir la sociedad por sí mismos. Las ideologías son maravillosas cundo se las usa en compañía de otras ideologías. Ellas se convierten en aburridas y doctrinarias tan pronto como sus méritos conducen a la remoción de sus oponentes."

En una sociedad democrática, cada espacio de dominio público debe ser directa (voto directo) o indirectamente (a través de un representante elegido) controlada por la sociedad.
La mejor conclusión de esto, es poder darse cuenta de que a la Ciencia no la votó NADIE.

¡¡Hay que plebiscitar a la Ciencia!!

Aún en el mismísimo caso de que la Ciencia sea LA VERDAD, la sociedad debe tener la opción de elegir el engaño. Aunque la Ciencia nos consiga la inmortalidad, la sociedad debe poder estar en posición de rechazarla si así lo desea. Quizás pareza esta postura demasiado extrema, pero en realidad lo que hace es exponer un oculto estado de exepción de lo científico. Estamos acostumbrados a criticar todas las ideologías políticas y religiosas en general (o deberíamos estarlo). No hay que ser un genio para darse cuenta de que la Ciencia no tiene motivos para evitar esta crítica (lo que pasa es que también estamos acostumbrados a que sea la Ciencia la que ejerza la crítica de la religión, por ejemplo; aunque esto ocurre cada vez menos).

Esta epistemología (que obviamente no repime lo científico, simplemente busca equipararlo a las otras ideologías), no tiene otro objetivo que hacer un llamado a lalibertad cívica. Hay que evitar caer en el estado de tutela, cualquiera sea cual sea la forma en que se presente. No podemos pretender (a diferencia de Karl Popper), que la sociedad se guíe para siempre, por lo que sale de la mente de los científicos, que son menos del 5% de la población.


Por favor, háganse un favor, y descarguen "Cómo proteger a la Sociedad de la Ciencia".


Con ustedes: Paul Feyerabend.


Odiseo Blabla

viernes, 11 de junio de 2010

Karl Popper V (definitivo)

Terminemos de una vez... Si no nos quedamos ni con el racionalismo de Popper, ni con su proyecto científico de Sociedad Abierta, ni con la visión antinómica de la historia que Popper nos proponía (consultar los post anteriores sobre Popper)... ¿qué nos quedamos del Popper de La Sociedad Abierta? me gustaría quedame con su responsabilidad... y esa responsabilidad creo que se resume en la que es mi frase favorita de todo el libro:

"Si somos incapaces de emitir un juicio, la historia tampoco podrá hacerlo" Pg 419 *

En un mundo donde los EEUU se guían por el Destino Manifiesto, donde el nazismo se arrogó una misión histórica-espiritual; en un mundo donde entro a un blog y leo "la historia no tiene destino, el destino es la historia " (¿¡qué quiere decir eso!?). En un mundo donde el vicepresidente argentino desde su asiento en el Senado vota a favor de los grupos más concentrados de la economía mientras exclama "que la historia me juzgue". (Ver acá) En un mundo así, la frase de Popper desenmascara a muchos...

Cuando un acontecimiento pasado es visto por las generaciones posteriores de una forma distinta a aquella que poseían los que testigos del hecho, muchos sentencian "la historia emitió su juicio". No fue la historia, fueron las personas las que simplemente cambiaron su opinión (aunque las razones del cambio no necesariamente deben ser simples). Cuando un personaje como Rosas para los argentinos, como Artigas para los Uruguayos, como Tupac Amaru para los indigenistas son realzados, no es "la historia" la que lo hace, no es una fuerza mística la que provoca eso, no es una moral universal la que valida o no a esos personajes, no es el devenir del inexistente relato de los acontecimientos humanos el que provoca que miremos a esos personajes de una forma diferente.
Es la sociedad actual, la mugre, la carne, la sangre, el barro, el sudor el causante del cambio de óptica sobre los acontecimientos (pasados o presentes). Alguien podrá aducir que esa mugre, esa suciedad, esa materialidad, esa sociedad ES la historia. Si esa persona quiere redefinir el término historia, allá ella. La palabra "historia" se encuentra, en nuestra habla cotidiana, saturada de matices y significaciones: puede significar desde un relato ultramaterialista hasta una esencia metafísica que fluye por el mundo. Muchos, demasiados matices. Y en el caso de que decidamos mencionar a la historia como esa sangre, suciedad, materialidad que arriba señalábamos, aún así al mencionar el término "historia" también aparecerían en la mente de nuestros interlocutores (y en la nuestra) los matices metafísicos que llega a tener dicho término. Perdiendo, no sólo la presición que queríamos obtener; si no que también dejamos la puerta abierta a que se inmiscuya en nuestro discurso ese romanticismo histórico que tan caro ha resultado (y resulta todavía).
Esta ambigüedad es superable si en lugar de "jucio histórico" se habla de "sociedad actual", "discurso dominante", "red de poder", "tejido social"... tratemos de sacar las frases "juicio histórico", "misión histórica", "destino histórico" de nuestro conjunto de frases cotidianas... si no lo hacemos, podemos terminar justificando cualquier cosa... no cometamos la impostura de Julio Cobos, no deroguemos nuestra responsabilidad a un supramundo...

Cuando Julio Cobos votaba a favor del sector agropecuario, votaba a favor de una de las elites más tradicionales de la Argentina, la SRA fundada en 1866. Votaba a favor de uno de los sectores que más interesados ha estado en impulsar la "historia oficial". Al votar Cobos dijo "que la historia me juzgue" ... si no lo juzgamos nosotros, lo hará la "historia", es decir, los mismos de siempre...

Exit Popper.

*La frase que menciono arriba está agiornada por mi, originalmente decía "si nosotros somos incapaces de emitir un veredicto, tampoco lo será la historia".




Dedicado a mi equipo de mate... sin su apoyo incondicional no habría podido escribir nada...



Odiseo Blabla

viernes, 4 de junio de 2010

Karl Popper IV

(Con SA abreviamos Sociedad Abierta , y las citas son del libro La Sociedad Abierta y Sus Enemigos (LSA))


Hemos dicho que Popper basaba la opción por la SA (y la consecuente interpretación histórica en términos antinómicos Sociedad Abierta/Sociedad Cerrada) en la ahistoricidad de la razón y de la postura racionalista. El racionalismo como postura delimitada y entendida más o menos de la misma forma durante la historia, y la opción por la SA en el fondo es una opción por la razón.

Sin embargo, en el capítulo “La filosofía oracular y la rebelión contra la razón” (capítulo 22 del libro), Popper no deja de aclarar que tal opción por lo racional, está basada en una decisión irracional. En un ejemplo de pensamiento autorreflexivo (de alguien que propone una moral y reconoce sus límites), Popper reconoce el fundamento irracional de la razón. En la página 398 leemos: “… todo aquel que adopte la actitud racionalista lo hará porque ya ha adoptado previamente, sin ningún razonamiento algún supuesto, decisión, creencia, hábito o conducta que caen dentro de los límites de lo irracional. Sea ello lo que fuere, podríamos darle el nombre de fe irracional en la razón”.
Y constantemente el autor recuerda este fundamento de su postura racionalista. Ahora bien, teniendo en cuenta lo anterior ¿qué le hace decidir a Popper a favor de la razón como algo valioso que mantener? La respuesta que da el autor de LSA es intentar justificar la opción racionalista desde el funcionalismo moral que posee dicha opción. Popper declara que “el racionalismo se halla íntimamente relacionado con la creencia en la unidad del género humano” (pg. 399).
Por esta opinión, Popper opta por colocarse del lado de la razón, por considerar que una actitud racional sólo puede realizarse de acuerdo con una moral del igualitarismo.
Por contraposición, el filósofo vienés declara que el irracionalismo carece de tal garantía moral. Pg. 399 “el irracionalismo (…) puede darse en combinación con cualquier tipo de creencia, incluyendo la fe en la hermandad de los hombres; pero el hecho de que pueda combinarse fácilmente con otro credo completamente distinto, y, especialmente, el que se preste fácilmente al apoyo de una creencia romántica en la existencia de un cuerpo elegido, de una división de los hombres en conductores y conducidos, en amos y esclavos naturales, nos demuestra claramente que la decisión entre el irracionalismo y el racionalismo es una decisión moral”.
De esta forma Popper fundamente la opción racional por considerar que el racionalismo (al estar emparentado con el credo igualitario) no podrá resultar funcional a cualquier tentativa anti igualitaria; según este enfoque la razón no podrá ser utilizada para la justificación de los órdenes totalitarios (cosa que si ocurría con el historicismo).
El punto de partida de mi crítica a ESTE racionalismo es el énfasis desmesurado en la dimensión moral del racionalismo. En primer lugar, no creo que la característica del racionalismo sea su partido moral; tampoco la característica del racionalismo es una forma de discutir que le es propia a dicha postura. (Leamos lo que Popper señalaba acerca de la actitud racional: (pg. 392) “el racionalismo es una actitud en que predomina la disposición a escuchar los argumentos críticos y a aprender de la experiencia. Fundamentalmente consiste en admitir que “yo puedo estar equivocado y tú puedes tener razón y, con un esfuerzo, podemos acercarnos los dos a la verdad””. Eso yo, en particular, no lo llamo racionalismo en el sentido habitual de la palabra. Prefiero nombrarlo como “principio del conocimiento colectivo”, o “principio de la discusión colectiva”. Sea la nomenclatura que le demos a esa actitud, dicho comportamiento es de alguien que busca construir su conocimiento junto a otras personas (conocimiento no necesariamente racional).
Si queremos caracterizar el racionalismo desde lo que usualmente se entendemos por razón (y la definición que da Popper de racionalismo es bastante intuitiva), debemos prestar atención a que en nuestra habla cotidiana aunque la razón parece pegada a las actitudes señaladas en el párrafo anterior, también se identifica muy fuertemente al racionalismo con un método de planificación, de economía de los gastos, de maximización de beneficios, de optimización de ganancias y resultados. Ordinariamente se reconocen asociados al racionalismo una actitud moral racional, pero también un método de acción racional; y además, no es necesario cumplir con esa moral y aplicar ese método para ser tildado de razonable. Tranquilamente puede disociarse el asumir esa moral racional y el aplicar el método racional. Ese método racional puede aplicarse sin necesidad de la moral igualitaria que Popper considera propia de la razón. Y de hecho así ha ocurrido.
Michel Foucault en la década de 1980, señalaba que “la relación entre racionalización y excesos de poder político es evidente. No necesitamos remitirnos a la burocracia o a los campos de concentración para reconocer tales problemas”. Estos dos ejemplos, la burocracia (la que Kafka describe en sus cuentos o la soviética, por ejemplo) y los campos de concentración (con su matanza planificada, y no olvidemos los experimentos médicos realizados por los científicos nazis.), estos dos ejemplos, son muestras de sistemas racionales de acción que no se valen precisamente de la moral que Popper reclama para la razón; En los casos citados antes, aunque no estaba presente esta moral igualitaria, la razón estaba actuando, el racionalismo estaba teniendo un papel importante en la planificación de estas formas de organización (la burocracia y los campos de concentración). Incluso, actualmente estamos viendo actitudes y enfoques racionales en la extracción compulsiva de petróleo, la masividad y productividad de los monocultivos, la tala del amazonas, etc. Todo esto es consecuencia de métodos enteramente racionales (la escuela de Frankfurt denominó a esto “razón instrumental”). Y estas técnicas racionales no tienen contacto con aquella moral con que Popper vindicaba a la razón.
La segunda crítica en esta línea, es que la razón no sólo procede de modo antigualitario en las prácticas propias: también puede justificar órdenes totalitarios.
Analicemos un caso (no dispongo de las lecturas para dar más ejemplos). En 1784, Kant publicó en un periódico un artículo titulado “¿Qué es la Ilustración?”. Allí el filósofo alemán define a la Ilustración como una nueva etapa en la historia de la humanidad, etapa caracterizada por la llegada del hombre a un momento de madurez por medio del uso libre de su razón.
En este texto, Emmanuel Kant distinguía dos usos de la razón: el “uso público de la razón” y el “uso privado de la razón”; y encuentra que estos dos usos de la razón deben regirse por principios diferentes. “El uso público de la razón siempre debe ser libre, y es el único que puede producirla ilustración de los hombres. El uso privado, en cambio, ha de ser con frecuencia severamente limitado, sin que se obstaculice de un modo particular el progreso de la ilustración” escribe Kant.
Kant denominaba “uso público de la razón” aquel uso que alguien hace de su raciocinio en cuanto docto: es decir, aquel raciocinio que alguien hace en tanto ser pensante integrante de una comunidad. Una especie de uso de la razón permitido por el “derecho a voz” que otorga el pertenecer a una comunidad y por el estar capacitado para dirigirse y opinar ante la misma. En cambio, el uso privado de la razón, es aquel raciocinio utilizado en el cumplimiento de una obligación que se le confía a un determinado individuo. “En muchas ocupaciones –señala Kant- concernientes al interés de la comunidad son necesarios ciertos mecanismos, por medio de los cuales algunos de sus miembros se tienen que comportar de modo meramente pasivo, para que, mediante cierta unanimidad artificial, el gobierno los dirija hacia fines públicos, o al menos, para que se limite la destrucción de los mismos. Como es natural, en este caso no es permitido razonar, sino que se necesita obedecer”.
Esto, señala Foucault, “es lo contrario, término por término, de lo que ordinariamente se denomina la libertad de conciencia”. Es también interesante notar que el uso de la razón que según Kant se debe permitir, (esto es, el uso público de la razón) es aquel que una persona realiza en tanto integrante de una “comunidad íntegra”; mientras que el “uso privado” que Kant aconseja limitar, que es precisamente el uso que más individualiza. Vemos como aquí el racionalismo kantiano queda pegado a un principio de tintes colectivista.
El más conocido racionalista del siglo XX, Bertrand Russell, señalaba acerca del anarquismo del pensamiento “¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces ¿Qué será de nosotros los ricos? ¿Van a pensar libremente los muchachos y las muchachas jóvenes sobre el sexo? Entonces ¿Qué será de la moralidad? ¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces ¿que será de la disciplina militar?” (Russell lo hacía de un modo irónico, de hecho él veía con agrado el quiebre de las morales, de lo militar, etc.). Respecto a esto, vimos como Kant afirmaba que “sería muy peligroso si un oficial, que debe obedecer al superior, se pusiera a argumentar en voz alta, estando de servicio, acerca de la conveniencia o inutilidad de la orden recibida. TIENE QUE OBEDECER”. Aunque Kant inmediatamente señala que el oficial puede plantear al público sus quejas, sólo puede hacerlo en cuanto “docto”, es decir, en cuanto persona con capacidad de raciocinio y perteneciente a una sociedad hacia la cual se puede dirigir. Pero en el momento de mayor individualidad, en el momento de hacerse cargo de su práctica cotidiana, al momento de tomar riendas de sus actitudes, en ese momento, por tener relegadas responsabilidades, debe ser obediente.
Con esta exposición de la opinión expresada por Kant en el artículo “Qué es la ilustración” quise dar un contraejemplo a aquello señalado por Popper de que el racionalismo a diferencia del irracionalismo puede evitar quedar pegado a ideas antigualitarias.
Aunque no conseguí demostrar que el texto de Kant expusiera una óptica antigualitaria (probablemente Kant tenía una concepción igualitaria de la humanidad), si es un texto colectivista y anti individualista (en los términos en que hoy entendemos el individualismo, que para Popper era una idea ahistórica). Y además, el texto de Kant, apunta fuertemente a una visión organicista de la sociedad (lo que demuestra que la idea organicista no es sólo de los totalitarios).
Por todo lo anterior me permito afirmas que la relación de la razón y el igualitarismo es más difusa que la forma en que Popper la planteaba en La Sociedad Abierta. Ese colectivismo y organicismo que reconocimos en Kant está a un paso (que puede darse con suma facilidad sin dar lugar a contradicciones) de una visión totalitaria.

Resumamos nuestros señalamientos al racionalismo de Popper. Popper intenta fundamentar la elección por lo racional aduciendo que el racionalismo (a diferencia del irracionalismo) tiene un componente moral igualitario. Y que ese componente moral permite salvaguardar a la razón de quedar pegada a ideas totalitarias.
Vimos que la razón tal como la concebimos, está asociada a un componente actitudinal de respeto a las opiniones (esto es, el igualitarismo), pero también está relacionada con un sistema de acción: y se puede tomas acciones racionales y anti igualitarias al mismo tiempo. Esa moral no es una condición sine cuan non se puede ser racional.
En segundo lugar vimos, tomando como ejemplo a Kant, un caso concreto de una moral racional colectivista y organicista (dos principios que Popper rechazaba. Hablaba del “colectivismo platonizante de Hegel” pg. 283). Todo muy cercano al totalitarismo.

¿Cuál fue (a mi criterio) el error de Popper en cuanto a su racionalismo? Me parece que no supo reconocer (distinguir) que en nuestras vidas cotidianas hay una diferencia bastante marcada entre actitud racional y proceder racional. Y ambas cosas son y pueden ser realizadas separadamente por alguien guiado por la razón. La razón no tiene una moral unívocamente determinada... y por eso la definición ensayada por Popper, de definir a la razón en términos morales, termina por resultar insuficiente... la racionalidad y la razón, distan de ser únicas y unificables...

Los textos que trabajé (además de La Sociedad Abierta) son:
"El Sujeto y el Poder" de Michel Foucault;
"Qué es la Ilustración" Emanuel Kant;
Extracto de "Principios de la Reconstrucción Social"
de Bertrand Russell.



Un pollito y su discurso irracional...

Odiseo Blabla

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