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sábado, 11 de julio de 2009

¡¡Un candidato para la Inquisición!!

"¿Dónde está el centro? El centro es, quizás, el desplazamiento de la cuestión..."
Jaques Derrida

Hace poco vi una película acerca de una Universidad negra en la época de la segregación racial en los EEUU (década del 50). En esa película hay una escena donde el maestro negro les enseña cómo debatir en público a sus estudiantes; y los hace recitar (cientos de veces) las siguientes preguntas y respuestas:
“¿Quién es tu oponente? ¡¡No existe!! ¿Por qué no existe? ¡¡Porque yo sólo diré la verdad!!”

Me encantan (y asumo el lugar de coleccionista de antigüedades) esas formas de ver las cosas: hay una verdad, y sólo tengo que exponer esa verdad, luego sólo tengo que sentarme a ver como las críticas a esa verdad fracasan… todo se basa en saber cuál es esa verdad.
El 15 de Julio (esta semana) van a cumplirse 79 años del nacimiento de Jaques Derrida. Este filósofo (que no debiera ser ignorado por aquello amantes de discutir) sostenía que los discursos del hombre tiene la siguiente forma: hay un concepto central, que se acepta sin discutir; en torno a ese concepto la persona razona y dice todas las cosas que constituirán su discurso.
Si se desea refutar cualquier discurso, sólo basta reconocer cuál es ese centro y decirle a la persona que habla “no acepto esa idea”.
Un ejemplo de esto… supongamos que debatimos con alguien acerca de la importancia de que el Estado respete las libertades de la persona. Y nos está matando con sus argumentos a favor. Si esa persona es occidental, bastará que le digamos “al fin y al cabo, el suponer que una persona tenga derecho a hacer lo que quiera es un mito…”. Entonces automáticamente nuestro oponente tratará de razonar, y buscará demostrarnos de forma lógica de que no es así, pero no podrá. Esto se debe a que si nuestro oponente es un occidental medio, muchos (pero muchísimos) de sus discursos sólo pueden ser coherentes si se acepta (sin discutir) el derecho a la libertad personal.
Habremos ganado
mecánicamente la discusión….
Según este enfoque, no existe la verdad, sólo existe una “sensación” de verdad, que puede ser usada convenientemente en nuestro favor…

(Antes de cualquier cosa, aviso que lo que conozco de Derrida es una exposición que Terry Eagleton hizo en su libro "Una Introducción a la Teoría Literaria")


No seremos tan inteligentes, pero al menos somos un poco más lindos que él (al menos en mi caso).

Odiseo Blabla

sábado, 18 de abril de 2009

Animé I: el otro en el animé

Este post es la refutación a lo que escribí hace algún tiempo aquí. Quizás sea como escribía Borges: en Orbis Tertius, ningúna obra estaba completa hasta que contenía su refutación. Una forma elegante del viejo de llevar indirectamente la dialéctica hegliana (y marxista) al terreno de lo utópico y metafísico... (le ganó a Derridá)...

Usualmente sobre el animé (si es que lo conocen) se manejan dos visiones:
La primera es la de considerarla un producto cultural genuinamente oriental. Producto que a su vez podemos entender en parte si y en parte no. En parte si por los códigos universales que todo ser en el mundo maneja; en parte no porque esos códigos en un momento deciden dar lugar a una pequeña variación regional que hace que ciertas facetas del significado nos estén veladas en lo inmediato... pero esta forma de verlo, no deja de reconocerlo como algo del otro creado para sí mismo, al punto de que sólo el creador tiene el monopolio del significado de la obra.
La segunda visión, lo considera un producto comercial del los orientales para los occidentales. Los orientales saben que quieren los occidentales y lo producen... para darle cierto aire exótico recurren a elementos que los occidentales mirarán con ojos asombrados. Pero como estos productores orientales no saben predecir completamente nuestras formas de interpretación, colocan sin quererlo en la trama ciertos elementos que devenirán en una opacidad (casi nula) de ciertos puntos de la obra.
Lo llamativo es que en las dos visiones está presente el Otro en un papel claramente protagónico. Para bien o para mal, al animé (en las dos visiones antes mencionadas) lo hacen los Otros. El animé signado como el producto de la praxis del Otro; es decir, como algo ajeno e independiente de Nuestra praxis....

Obviamente, estas visones se caen cuando consideramos que el animé se produce con técnicas occidentales (estudios de grabación, libretos, voces de reparto, todo eso no son milenarios inventos chinos), recurre a temas occidentales (casi todos los animé son sobre adolescentes en las escuelas, lo esotérico en el animé es particularmente idéntico a lo gótico europeo, la música J-pop, etc.), posee significados occidentales (la lucha técnica/naturaleza, temas apocalípticos -siempre dentro de marcos esotéricos con elementos cristianos- , competencias deportivas al estilo occidental, etc.).
Si el animé tiene todo lo que puede definir a una praxis occidental, porqué no considerarlo como tal: al animé lo produce occidente. Al fin y al cabo, que es más occidental que un japonés actual!!!

Lo que se hace con el animé es producir un discurso tolerable sobre el Otro. Nadie se ofende al ver un animé, por más extraño que le pueda parecer el mismo. Pasa lo contrario con el Otro del terrorismo y el inmigrante: su sola presencia exaspera a grandes cantidades de receptores.
Pero si podemos hacer pasar al no-ofensivo animé (producido por nosotros) como algo ajeno a las consecuencias de nuestras praxis (puesto que es producido por el otro)...¿no nos resultará mucho más fácil ocultar nuestra responsabilidad en que haya surgido el terrorista y el inmigrante...?

Odiseo Blabla



Suzumiya Haruchi: una chica que con su pensar modificaba significativamente el mundo...
(les gana a todos los filósofos juntos)


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